25 septiembre, 2017

¿Quién decide?

Cada día actuamos de manera más o menos voluntaria, más o menos consciente, luego más o menos libre. 
Me parece importante invitarte  a ahondar en esta problemática preguntándote sobre diversos gestos o actos cotidianos para saber si son actos voluntarios o no. 
Bien entendido, como la mayor parte de las veces en este asunto, libertad y determinismo se entrelazan: esta ambigüedad siempre emerge , aunque será necesario intentar zanjarla. 

Preguntas clave es: 

«¿Podrías haberlo hecho de otro modo?»
Resultado de imagen de pensar
«¿Estabas obligado a actuar así?»


Me he puesto furioso cuando mi hermano me ha llamado idiota.

Voy al instituto.

No me acuerdo de la lección.

He soñado con mi película favorita.

Me gusta el mismo cantante que a mis compañeros de clase.

He decidido trabajar en clase.

Me he peleado con mi madre.

Veo los programas infantiles de la televisión. 


Explico con todo detalle, en el instituto, que a mi hermano le ha regañado mi madre

Juego al fútbol.

Tomo el autobús 18 que me lleva al parque.

Estornudo cuando hay una corriente de aire.

Hablo demasiado deprisa.

No me atrevo a hablar delante de toda la clase.

Ceno demasiado.

Me distraigo en clase.

Hago ruido con la boca cuando como.








Libre albedrío en la Biblia

Según la Biblia, Dios dio al hombre la facultad para obrar según desee, independientemente de si sus decisiones son buenas o malas. En este sentido, abundan pasajes bíblicos que apuntan a la libertad de los hombres para elegir el camino que han de tomar: si el correcto, que es el de Dios, o el incorrecto, que significa desviarse de Dios. De allí esta afirmación hallada en Josué: “Escoged hoy vosotros a quien servir” (XXIV: 15).