04 octubre, 2018

Valor y... ¡al toro! (II)

El problema real de los espectáculos con toros era la cantidad de muertes humanas que provocaban y la ruina que conllevaba en las familias que se quedaban sin el hombre de la casa.

Con lo que el castigo a los que se saltaban la bula era la excomunión, la expulsión del seno de la iglesia,  el ir al infierno de cabeza...

Como os decía, Felipe II intentó que el papa anulara la bula, pero solo consiguió que el siguiente papa Gregorio XIII anulara la excomunión a cambio de poner medios para evitar muertes humanas (serrar los cuernos a los astados, poner más perros y caballos para debiliar al animal, tener médicos en las plazas, etc...).

El siguiente papa Sixto V, volvió a poner la excomunión y a dejarlo todo tal y como lo dispuso la bula de 1567. Clemente VIII volvió a suavizarlo y dejó la excomunión solo para el clero. 

Sin embargo, todos estaban desviando la atención de un detalle muy importante: Pío V  promulgó su bula prohibiendo su derogación y ordenando que «se contara entre las constituciones que estarán vigentes perpetuamente»

La última vez que el Vaticano se pronunció sobre los toros fue en 1989, cuando Juan Pablo II  mediante un comunicado oficial recordó la excomunión a «actores y espectadores de espectáculos taurinos».

No te voy a preguntar si vas a Olivenza a ver los toros o si vas a ver los de la feria de San Juan. Simplemente quiero que pienses y reflexiones sobre el cuadro que tienes a continuación y me expliques en 350 palabras qué sentido tiene tener una bula a perpetuidad desde el siglo XVI y que los toreros sigan rezando y encomendándose a la Virgen antes de «entrar en faena». ¿Es coherente?¿Por qué crees que lo hacen?

Antes de torear...por las dudas rezar (refrán torero)

José Gallegos Arnosa, Jerez de la Frontera. Cádiz, 1857



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