Spoiler: no tiene precio
Empezamos con una pregunta incómoda:
¿Cuánto vale una persona?
Cuidado.
- No estamos preguntando cuánto dinero tiene.
- Ni cuántos seguidores.
- Ni qué notas saca.
- Ni si cae bien.
- Ni si gana siempre.
- Ni si tiene el móvil último modelo, ese que parece que hace fotos, cocina lentejas y te arregla la vida.
La pregunta es más seria:
¿Por qué una persona vale?
Y aquí viene la primera trampa.
Vamos a pensar en personas muy distintas:
- una persona refugiada,
- un niño en una guerra,
- una persona pobre,
- alguien que ha cometido un error,
- una persona enferma,
- una persona que nadie escucha,
- una persona que piensa diferente a ti,
- incluso alguien a quien llamaríamos «enemigo».
Ahora viene la pregunta explosiva:
¿Alguna de esas personas vale menos?
Desde la antropología cristiana, la respuesta es clara: No.
Una persona no vale por lo que tiene.No vale por lo que produce. No vale por lo útil que parece. No vale por su éxito. No vale por lo fuerte que sea.Vale porque es persona.
Y, para la fe cristiana, porque ha sido creada a imagen de Dios.
Eso significa que su dignidad no se compra, no se vende, no se gana en una competición y no se pierde por estar herido, vencido, perdido o silenciado.
La dignidad no funciona como la batería del móvil.
No baja al 12 % cuando te equivocas.
EL RANKING IMPOSIBLE
Vas a recibir una lista de personas.
Tu misión será intentar ordenarlas según «valor».
Pero te aviso: la actividad tiene trampa.
Ejemplos:
- una médica que salva vidas,
- una persona sin hogar,
- un soldado enemigo,
- una anciana sola,
- un niño refugiado,
- una persona en prisión,
- una influencer famosa,
- alguien que ha perdido todo.
Ahora intenta ordenarlas.
¿Quién vale más?¿Quién vale menos?¿Se puede hacer ese ranking?
La respuesta que buscamos descubrir es:
No se puede ordenar la dignidad humana.
Una persona puede hacer cosas mejores o peores.
Puede tomar decisiones buenas o malas.
Puede ayudar o hacer daño.
Pero su dignidad como persona no desaparece.
DERECHOS HUMANOS EN MODO DETECTOR
Escribe tres derechos que crees que toda persona debería tener siempre.
Por ejemplo:
- derecho a la vida,
- derecho a la educación,
- derecho a no ser torturado,
- derecho a vivir sin esclavitud,
- derecho a tener una familia,
- derecho a ser tratado con respeto,
- derecho a no ser discriminado.
Después responde:
¿Qué pasa cuando alguien poderoso decide que otra persona no merece esos derechos?
Ahí empiezan muchas injusticias. Ahí empiezan guerras. Ahí empiezan abusos. Ahí empieza el problema.
Porque casi todas las injusticias empiezan con una mentira:
«Esa persona vale menos.»
Y cuando alguien cree eso, puede justificar casi cualquier barbaridad.