La profesora está explicando Halloween, Todos los Santos y el Día de los Difuntos cuando, de repente, se escucha un ruido de campanas…
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Y aparece Bárbara de Braganza, con sus mejores galas, mirando a los alumnos completamente sorprendida.
—¡Por todos los santos! ¿Dónde estoy? ¿Y por qué hay tantas calabazas?
Los alumnos le explican que están aprendiendo cómo se celebran estas fechas.
Bárbara abre mucho los ojos:
—¡Ah, queridos míos! Entonces habéis venido a preguntarle a la persona adecuada. Yo vengo directamente del siglo XVIII. ¡Y os aseguro que por aquel entonces las cosas eran bastante diferentes!
¿Y HALLOWEEN?
—Empecemos por Halloween, aunque os advierto que en mi España del siglo XVIII no era una fiesta como la que vosotros conocéis hoy.
—Nada de llamar a las puertas gritando «¡truco o trato!», ni de disfrazarse de vampiro, ni de llenar una bolsa de caramelos.
—Las antiguas tradiciones relacionadas con Halloween tenían raíces en las celebraciones de otros lugares de Europa, especialmente en las islas británicas, pero el Halloween moderno, tal como vosotros lo conocéis, todavía no existía.
—Así que si en mi época hubiese aparecido un niño disfrazado de esqueleto pidiendo caramelos, probablemente habríamos pensado:
«¡Pobre criatura! ¿Se habrá escapado de algún cementerio?»
1 DE NOVIEMBRE: TODOS LOS SANTOS
Bárbara se pone muy seria y hace una reverencia.
—El 1 de noviembre sí era una fecha muy importante en mi época.
—En el siglo XVIII, Todos los Santos era una celebración religiosa muy arraigada. Se acudía a misa y se honraba a los santos, especialmente en una sociedad profundamente católica como la España de entonces.
—Y no penséis que la gente se quedaba en casa viendo películas de terror… ¡eso habría sido bastante extraño!
—Era un día solemne, religioso y familiar.
2 DE NOVIEMBRE: LOS DIFUNTOS
Bárbara baja la voz y enciende imaginariamente una vela.
—Y al día siguiente, queridos alumnos, llegaba el Día de los Difuntos.
—Ese día se dedicaba especialmente a recordar y rezar por las personas fallecidas.
—Las familias acudían a las iglesias y a los cementerios, rezaban por sus seres queridos y mantenían vivas las tradiciones relacionadas con la memoria de los muertos.
—No era una celebración de disfraces y caramelos, sino un momento más solemne, religioso y de recuerdo familiar.
Entonces Bárbara mira a los alumnos y dice:
—Así que cuidadito con mezclarlo todo.😏
—Halloween es una cosa; Todos los Santos, otra; y el Día de los Difuntos, otra.
—Aunque estén juntitos en el calendario, ¡no son tres nombres diferentes para la misma fiesta!
BÁRBARA NOS DEJA UN RETO
Bárbara mira el reloj de la clase.
—Ahora que ya sabéis cómo se vivían estas fechas en mi siglo XVIII, quiero comprobar si habéis aprendido algo.
—Imaginad que viajáis conmigo en el tiempo y aparecemos en un ascensor -que no había- del siglo XVIII.
—Dentro del ascensor del IES Bárbara de Braganza estáis: tú, un santo, un fantasma y una calabaza. Se abre la puerta en una planta que no existe....¡Y Bárbara de Braganza está pasando lista! ¿Qué asignatura imparte y qué excusa le ponéis por llegar tres siglos tardes?
Bárbara sonríe:
—¡Ahí quiero ver vuestra imaginación!
Y antes de desaparecer entre una nube de humo…¡POF!
Bárbara grita:
—¡Y recordad: en mi siglo XVIII no había truco o trato… pero había mucha tradición, mucha religión y, desde luego, muchísimo más protocolo!
¡Ahora os toca a vosotros responder a la pregunta del ascensor!
