El día en que cumplir la ley puede parecer injusto
Sí. Has leído bien.
Hoy tu misión no es defender a alguien que «parece buena persona».
Tu misión es bastante más incómoda.
Vas a tener que defender los derechos de alguien que ha hecho algo terrible.
Y no vale escapar con:
«Yo no lo defendería porque es mala persona.»
Precisamente de eso va el problema.
EL CASO
Un hombre ha cometido varios asesinatos. Fue juzgado, condenado y lleva muchos años en prisión.
- No hay duda sobre su culpabilidad.
- No hay giro de película.
- No aparece una prueba secreta.
- No resulta ser inocente en el último minuto.
Es culpable.
Pero ocurre algo.
Cuando fue condenado, existían unas reglas para calcular cuánto tiempo podía permanecer realmente en prisión.
Años después, esas reglas se interpretan de una manera nueva.
¿Resultado?
Puede permanecer encerrado mucho más tiempo.
Y aquí empieza el incendio.
Porque puedes pensar:
«Pues perfecto. Si ha matado, que se pudra en la cárcel.»
Pero también puedes pensar:
«Un momento.
¿Puede el Estado cambiar las reglas después de condenarte?»
ENTRA EN ESCENA: EL LOCO DE LA GORRA
(UN PERSONAJE INVENTADO POR MI)
Aparece todos los días delante del tribunal.
Chándal completo + gorra a conjunto
Riñonera sospechosa.
Café de máquina.
Y una pancarta:
«SI HA MATADO, QUE NO SALGA JAMÁS»
Su argumento es sencillo:
«Ese hombre no respetó los derechos de sus víctimas. ¿Por qué deberíamos respetar ahora los suyos?»
Y añade:
«Menos palabritas jurídicas. Hay gente que no merece una segunda oportunidad.»
Problema: su argumento suena bastante convincente cuando estás enfadado.
Pero ahora viene la pregunta fea:
¿Los derechos dependen de que seas buena persona?
Porque si la respuesta es sí...¿quién decide cuándo dejas de merecerlos?
LA DOCTRINA PAROT EN MODO HUMANO
Aquí aparece un caso real del derecho español.
Durante años, algunos condenados por delitos gravísimos podían beneficiarse de reducciones de pena según unas determinadas reglas.
Después llegó una nueva interpretación judicial que hizo que esas reducciones se aplicaran de otra forma.
Consecuencia:
algunas personas permanecían en prisión muchos años más.
Para mucha gente aquello parecía de sentido común:
«Han cometido barbaridades. Que cumplan más.»
Pero apareció otro problema:
¿puedes cambiar después las reglas de un castigo para perjudicar al condenado?
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos terminó considerando que, en el caso que examinó, esa aplicación retroactiva vulneraba derechos fundamentales.
Importante: no dijo que los delitos fueran menos graves.
No dijo: «Pobrecito el condenado.»
La pregunta era otra:
¿Puede un Estado saltarse sus propias reglas cuando la persona que se beneficia nos resulta repugnante?
Y ahora empieza vuestro problema.
TU MISIÓN:
CONVIÉRTETE EN ABOGADO DEL ASESINO
Tranquilo.
- No tienes que decir que matar está bien.
- Ni que es inocente.
- Ni que merece una medalla.
Tienes que defender esta idea:
«Incluso una persona culpable de algo horrible conserva derechos.»
Y tendrás que convencer a una clase que probablemente esté pensando:
«Sí, sí, derechos humanos... pero que no salga.»
Tu trabajo consiste en explicar por qué un Estado debería respetar las reglas incluso cuando hacerlo beneficia a alguien que prácticamente nadie quiere defender.
Y AHORA ERES EL JUEZ
Mañana debería salir de prisión.
Sabes que ha cometido crímenes terribles.
Sabes también que, cuando fue condenado, las reglas permitían que saliera en esa fecha.
Pero tienes una nueva interpretación que permitiría mantenerlo 10 años más en prisión.
Y tienes que decidir.
OPCIÓN A
Lo mantienes encerrado.
Tu argumento:
«Sus crímenes son tan graves que la sociedad necesita protección y el castigo debe ser proporcional.»
OPCIÓN B
Ordenas su puesta en libertad.
Tu argumento:
«El Estado no puede cambiar las reglas después. Si lo permitimos con alguien que odiamos, mañana podría hacerlo con cualquier persona.»
Y entonces vuelve nuestro amigo.
El loco de la gorra levanta la mano:
«Muy bonito todo.
Pero si mañana mata a otra persona,
¿vas tú a explicárselo a su familia?»
Silencio incómodo.
Y el abogado responde:
«Si dejamos que el miedo decida cuándo se respetan los derechos, ¿para qué sirven los derechos?»
AHORA TIENES QUE MOJARTE
No quiero «sí», «no» ni «depende» flotando solos por el folio como croquetas abandonadas.
Quiero argumentos.
- ¿Debe conservar sus derechos alguien que ha violado brutalmente los derechos de otros?
- ¿Es justicia mantenerlo encerrado más tiempo o es venganza?
- ¿Puede una sociedad democrática cambiar las reglas cuando el resultado anterior le parece injusto?
- ¿Qué es peor: liberar a alguien peligroso o permitir que el Estado castigue sin respetar las reglas?
- ¿Preferirías una justicia que a veces deje libre a alguien peligroso o una justicia que pueda cambiar las reglas cuando considere que alguien «merece más castigo»?
- ¿Hay personas que deberían perder determinados derechos?
- Si tú fueras familiar de una víctima, ¿pensarías igual?
- Y si tú fueras el condenado, ¿pensarías igual?
LA PREGUNTA QUE NO OS VOY A DEJAR ESQUIVAR
Si los derechos humanos solo sirven para proteger a las personas que nos gustan...
¿son realmente derechos humanos?
O son simplemente: