Hay personas que, cuando oyen la palabra hombre lobo, piensan en un monstruo horrible, lleno de pelos, colmillos y ganas de morder. Pero vamos a imaginarnos otra cosa. Imaginemos a alguien que no quiere ser un monstruo, que no hace daño a nadie y que, aun así, todo el mundo mira raro.
Imaginemos a un chico normal. Va al instituto, hace los deberes más o menos, se queja de los lunes como todo el mundo… pero hay un pequeño problema: algunas noches, cuando hay luna llena, cambia. No porque quiera, sino porque le toca. Y al día siguiente, la gente ya no lo mira igual. No le preguntan qué le pasa. No intentan entenderlo. Simplemente lo señalan y se apartan.
Y aquí viene la pregunta importante:
En clase hablamos muchas veces de Dios, de la Biblia, de Jesús. Pero también hablamos de algo muy importante: cómo tratamos a las personas, sobre todo a las que son distintas o no encajan del todo. Por eso hoy vamos a usar la figura del hombre lobo, no como un monstruo de película, sino como un símbolo.
Hay una canción muy conocida que se llama Lobo-hombre en París, del grupo La Unión. En ella se cuenta la historia de un personaje extraño en una gran ciudad donde nadie lo entiende.
No vamos a analizar la canción como en Música ni como en Lengua. Solo nos vamos a quedar con una idea: qué pasa cuando alguien es diferente y los demás no saben qué hacer con eso.
A partir de esa idea, hoy vais a hacer algo creativo. Vais a escribir un microrrelato, que es una historia muy corta. Tan corta que no puede tener más de cien palabras. No es un examen, no es una redacción larga...
Puede ser una historia divertida, triste, rara o un poco de todo.
En vuestro microrrelato tiene que aparecer un hombre lobo. Pero no tiene por qué ser un villano. Puede ser alguien que no quiere hacer daño, alguien que se siente solo, alguien al que nadie escucha o incluso alguien al que le pasan cosas un poco ridículas. Lo importante es que la historia diga algo.
Además del texto, el microrrelato tendrá una ilustración. El dibujo no es para decorar, es parte del trabajo. Puede ser sencillo, puede ser en blanco y negro o en color, pero tiene que ayudar a entender la historia. No vale copiar imágenes de Internet, porque lo que buscamos es vuestra idea, no la de otros.
Si os cuesta arrancar, podéis empezar con frases como: “Nunca quiso ser un monstruo”, “La luna no era el problema” o “Todos se reían, menos él”.
No busco historias perfectas ni palabras difíciles. Busco que penséis, que imaginéis y que os atreváis a contar algo. A veces, en muy pocas palabras, se pueden decir cosas muy importantes.
Al final de la clase, quien quiera podrá leer su microrrelato. Nadie está obligado. Todos los trabajos se entregarán firmados con un pseudónimo, no con vuestro nombre, porque aquí no importa quién lo escribe, sino lo que transmite.
