Vale, modo clase despierta activado. Si alguien se duerme leyendo esto, no es culpa mía.
Chicos,
Imaginad que hoy os dicen:
“Enhorabuena, sois libres”.
Y al minuto siguiente añaden:
“Ahora 40 años caminando por el desierto. Sin Netflix. Sin TikTok. Sin snacks”.
Bienvenidos a la historia del pueblo de Israel.
Salieron de Egipto después de ser esclavos durante años. Todo parecía increíble… hasta que empezó el desierto. Calor, arena, hambre y un montón de gente quejándose tipo: – “Antes éramos esclavos, pero al menos comíamos mejor”. Sí. Eso dijeron. La nostalgia funciona raro.
Dios no los llevó al desierto por trolear. El desierto era un reset. Allí aprendieron tres cosas muy básicas:
- No todo lo que quieres lo necesitas.
- Quejarse no soluciona nada.
- La libertad también se entrena.
Ahora, cambio de escena.
La Cuaresma es básicamente eso, pero versión siglo XXI y sin arena en las sandalias.
Dura 40 días y es como cuando el móvil te dice:
“Tiempo de uso excesivo. ¿Seguro que quieres seguir?”
Durante la Cuaresma pasan cosas incómodas:
- Ayunas → descubres que no te mueres sin eso que creías vital.
- Rezás → notas lo poco que paras a pensar.
- Ayudas a otros → te das cuenta de lo mucho que vas a lo tuyo.
Y aquí viene la parte divertida y peligrosa:
Cuando algo te cuesta dejarlo, no es porque sea tan importante…
es porque te controla un poco.
La Cuaresma no es tristeza. No es castigo. No es “Dios enfadado”.
Es una pregunta gigante disfrazada de 40 días:
👉 ¿Quién manda en tu vida: tú o tus hábitos?
El pueblo de Israel salió del desierto distinto a como entró.
La Cuaresma sirve para lo mismo.
Sin drama. Sin milagros raros. Solo un cambio real.
Y sí, cuesta.
Las cosas importantes casi siempre lo hacen.
Perfecto. Subimos otra marcha. Sorpresa + humor + “espera… eso va conmigo”. Aquí va para decirlo tal cual en clase.
Chicos,
Aviso importante: esta actividad no es peligrosa, pero puede provocar pensamientos profundos inesperados. Luego no digáis que no se os avisó.
Imaginad que hoy salís del cole y, en vez de volver a casa, aparecéis en pleno desierto con el pueblo de Israel. No hay Google, no hay enchufes y nadie sabe cuánto dura el viaje. Spoiler: mucho.
Tenéis una mochila. Solo una. Y dentro solo caben 5 cosas de vuestra vida actual.
No valen personas, no valen “todo mi cuarto” y no vale hacer trampas. La vida no funciona así.
Elegidlas ahora. Rápido. Sin pensarlo demasiado.
Si os ponéis nerviosos, perfecto.
Ahora empieza el camino…
Y el desierto hace lo que mejor sabe hacer: complicarlo todo.
Tenéis que tirar 2 cosas de la mochila. Para siempre. No hay papelera, no hay “luego las recupero”. Adiós.
Silencio incómodo. Bien.
Ahora pensad un momento:
- ¿Qué os dolió más dejar?
- ¿Por qué justo eso?
- ¿Os sorprendió lo importante que era para vosotros?
Aquí va el giro.
El desierto del pueblo de Israel no era un castigo. Era una especie de modo avión espiritual. Todo lo innecesario se va apagando y solo queda lo importante.
La Cuaresma es exactamente eso, pero sin sol abrasador.
Durante 40 días la vida te pregunta:
👉 ¿Qué llevas en la mochila que pesa demasiado?
👉 ¿Qué creías que era imprescindible… y no lo es tanto?
Porque atención a esto:
Si algo te cuesta mucho soltarlo, no siempre es porque lo ames…
a veces es porque te manda un poco.
La Cuaresma no viene a fastidiar.
Viene a aligerar.
Y sí, incomoda.
Las cosas que valen la pena casi siempre lo hacen.