Por qué tiene sentido hacer un trabajo académico sobre el tema «¿Dios castiga o educa?», aunque no seáis creyentes, aunque os dé pereza escribir y aunque preferiríais hacer literalmente cualquier otra cosa, como mirar una pared.
Este tema importa porque toca una pregunta que aparece cada vez que la vida se tuerce: cuando alguien sufre, cuando algo sale mal, cuando pasa una injusticia, cuando una persona buena tiene mala suerte o cuando alguien hace daño y parece que no le pasa nada.
En esos momentos salen frases típicas: «es un castigo», «algo habrá hecho», «Dios quiso así», «la vida es injusta», «todo pasa por algo».
Un trabajo académico sirve para no quedarnos en frases automáticas y aprender a pensar con orden.
Además, esta pregunta os obliga a distinguir cosas que la gente mezcla continuamente.
No es lo mismo:
- castigo que consecuencia.
- culpa que responsabilidad.
- el mal que viene de decisiones humanas (violencia, mentiras, injusticias) que
- el mal que viene de la naturaleza o de la vida (enfermedad, accidentes).
Hacerlo de manera académica también sirve para entrenar algo que en Bachillerato se supone que estáis aprendiendo: no soltar «yo opino» y ya.
Aquí la gracia es aprender a construir una idea con cabeza: definir bien los conceptos, elegir una postura, justificarla con razones, poner ejemplos y, sobre todo, responder a la objeción más fuerte.
Eso es pensamiento crítico de verdad. Y os sirve para Filosofía, Historia, Psicología, Derecho, Política… y para no comeros el primer discurso que suene convincente.
Otra razón: este tema conecta religión con cosas muy actuales.
Por ejemplo, cómo entendemos la justicia:
- ¿sirve castigar o sirve educar?
- ¿la gente cambia por miedo o por conciencia?
- ¿Qué significa reparar un daño?
Y hay una razón muy importante: este trabajo os ayuda a evitar dos extremos que empobrecen la cabeza.
- Uno es el extremo del miedo: «si me pasa algo malo, es que Dios me está castigando».
- El otro es el extremo del desprecio fácil: «todo esto es control y tonterías».
Un trabajo serio os obliga a ver matices: qué han dicho distintas tradiciones, cómo se ha interpretado, qué críticas existen, qué respuestas se han dado… y entonces vuestra conclusión no será un eslogan, será un argumento.
Así que el objetivo no es que penséis todos lo mismo. El objetivo es que, cuando terminéis, se note que habéis pasado de frases rápidas a ideas claras. Y eso, aunque no lo parezca, es una habilidad bastante útil para sobrevivir como adultos sin decir tonterías con seguridad.
Si tuviera que resumirlo: este trabajo no va de creer o no creer, va de aprender a pensar bien sobre el dolor, la justicia y la responsabilidad.
