19 febrero, 2026

El 40: un número raro y con propósito

El 40 en la Biblia no es un número. Es una amenaza con forma de cifra. Es la manera que tiene la vida (y Dios, cuando se pone profesor) de decir:

Te voy a dejar el tiempo suficiente para que se te caiga la tontería, pero con cariño.

Porque el 40 no funciona como «cantidad exacta«. 

Funciona como temporada completa de entrenamiento: lo bastante largo como para que se te pase la emoción inicial, lo bastante pesado como para que te enfrentes a ti mismo, lo bastante real como para que, si cambias, sea de verdad.

El 40 es el número de:

  • desintoxicación del alma (sí, el alma también pide dieta sana),

  • quitarte de caprichos (los caprichos chillan cuando no los alimentas),

  • reordenamiento de deseos (descubres que querías demasiadas cosas y casi ninguna importante),

  • preparación para cruzar a algo nuevo (porque nadie entra en lo grande si viene lleno de ruido).

Israel: salieron de Egipto con épica, pero con Egipto pegado en la suela

El pueblo de Israel sale de Egipto. Lo acabamos de ver con Moisés. Mar abierto, milagro, libertad, tráiler de película...

Pero al minuto y medio: ¿Y ahora qué? ¿Dónde están las patatas?¿Qué vamos a comer? ¿Dónde está el pollo? ¿Por qué el cielo no tiene menú del día?”

Y aquí aparece el desierto, que no es un sitio: es un espejo sin filtros

Un lugar donde:

  • no hay comodidades,

  • no hay distracciones,

  • y se te oye pensar, que es una cosa insoportable.

En el desierto el ser humano se convierte en su versión más auténtica y menos elegante:

  • se queja con creatividad,

  • idealiza el pasado (aunque fuera horrible),

  • se asusta del futuro (aunque sea bueno),

  • y cuando no sabe qué hacer, fabrica un ídolo con lo primero que pilla, porque el vacío da pánico.

Y pasa lo inevitable: si no tienes algo firme dentro, te inventas algo brillante fuera. 

Becerro de oro ayer, «necesito likes o me apago » hoy. Cada época tiene su becerro. La humanidad es muy original repitiendo lo mismo.

¿Y por qué 40 años? Porque una cosa es salir de la esclavitud con las piernas, y otra cosa es que la esclavitud deje de vivirte dentro de la cabeza. Egipto se va del mapa… pero tarda en irse del corazón. La libertad no se estrena, se aprende. Y el desierto es la academia, con matrícula obligatoria y sin opción de “siguiente episodio”.

Cuaresma: el desierto en versión humana, con recreo y tentaciones en 4K

La Cuaresma son 40 días. No son 40 días para ir por la vida como si te hubieran robado el bocadillo. Son 40 días para hacer algo que los humanos odiamos: pararse y mirarse.

La Cuaresma es un «mini-desierto» anual donde pasa esto:

  • quitas un poco de ruido,

  • y el ruido que llevas dentro sube el volumen para protestar.

Porque cuando intentas mejorar, tus hábitos malos no aplauden. Tus hábitos malos son como un mal amigo: te dicen «tú sin mí no eres nadie». Y la Cuaresma responde: «ah sí, mira como tiemblo...».

Aquí entra el sentido del 40: es el tiempo necesario para que tu «yo automático» se quede sin batería y salga tu «yo de verdad».

El 40 no te convierte en santo por acumulación de días, como si esto fuese un álbum de cromos. 

El 40 es tiempo para hacerte una pregunta que incomoda:

¿Yo mando en mi vida… o me mandan mis impulsos con cara de libertad?


El desierto moderno se llama «lunes» y lleva mochila

Un alumno de 1º de ESO vive en un territorio hostil: el instituto. 

Un lugar donde la supervivencia depende de:

  • no quedarse sin grupo,

  • no parecer raro (spoiler: todos lo parecemos),

  • y aprender a vivir con un cerebro que a veces funciona como una cabra loca con cafeína.

Tu Egipto no tiene látigos, tiene:

  • el móvil que te controla el pulgar como si fuera su joystick,

  • la comparación (yo no soy suficiente),

  • la inseguridad vestida de me da igual,

  • el enfado rápido para no parecer vulnerable,

  • la pereza que promete descanso y entrega caos.

Y tu desierto aparece en cuanto te queda sin anestesia:10 minutos sin pantalla,

  • una tarde con deberes,

  • un conflicto con un amigo,

  • un día malo sin una distracción inmediata.

Entonces sale lo que de verdad hay: el nervio, la necesidad de aprobación, el impulso de contestar mal, el drama por cosas pequeñas, el cansancio que se convierte en mala leche. 

El desierto no inventa monstruos. 

Solo los presenta.

Por eso el paralelismo funciona tan bien:

Israel en el desierto aprendiendo libertad, y un alumno en su desierto cotidiano aprendiendo lo mismo, pero sin tiendas de campaña, con estuche mordido y un bocata aplastado.

El «Maná» hoy: lo que te alimenta cuando no tienes lo que te distrae

En el desierto, Israel recibe maná: alimento simple, cotidiano, suficiente. No gourmet, no festival, no «me lo merezco». Suficiente.

En tu vida, el maná puede ser:

  • una rutina pequeña que te centra,

  • un gesto bueno aunque no te apetezca,

  • callarte un comentario cruel,

  • pedir perdón sin justificarte con un  «pero tú…»,

  • estudiar un rato aunque el cuerpo grite «huye»,

  • agradecer algo real en un día gris.

Maná no es lo espectacular. 

Es lo que te sostiene de verdad cuando no hay fuegos artificiales.

¿Y la finalidad del 40? 

Que salgas con el mando en la mano

El 40 sirve para que pases una transformación concreta:

  1. Te quedas sin excusas: porque en el desierto no hay es que...

  2. Descubres qué te domina: lo que te enfada, lo que te engancha, lo que te da miedo.

  3. Aprendes a elegir: aunque cueste, aunque no apetezca.

  4. Te vuelves más libre: no perfecto, no robot, pero menos manejable.

El 40 es el tiempo que tarda una persona en pasar de:
yo hago lo que me sale
a
yo elijo lo que me conviene.

Y esa diferencia es gigantesca, aunque no tenga efectos especiales.


El desierto no es un castigo: es un sitio donde se te cae el teatro.
Y el número 40 es el tiempo necesario para que, sin teatro, aparezca tu verdad… y puedas entrenarla.

 




EL DESIERTO EXPRESS 

PASO 1. Dibujo rápido 

En horizontal, que el cuaderno respire.

Título grande arriba:

MI DESIERTO DE 40

Debajo, dibuja un camino por el desierto con 3 paradas obligatorias (no arte, símbolos cutres valen).

  • Parada 1: Egipto

  • Parada 2: Desierto

  • Parada 3: Tierra Prometida

Regla importante:
--> No se borra. Lo primero que salga es lo que vale. El desierto no admite perfeccionistas.

PASO 2. Completar las paradas

Parada 1: EGIPTO

Escribe 3 cosas que te esclavizan un poco ahora mismo.
Ejemplos:

  • móvil

  • compararme

  • enfadarme rápido

  • pasar de todo

  • vaguear y luego agobiarme

Formato obligatorio:
-->Me cuesta soltar…

Parada 2: DESIERTO 

Aquí viene lo incómodo, así que rápido.

Escribe:

  • 1 cosa que les cuesta cuando no hay distracción

  • 1 reacción típica suya (enfado, drama, pasotismo, sarcasmo…)

Formato:
--> Cuando me quedo sin anestesia, suelo…

No se comenta. No se juzga. Nadie es expulsado del aula por sinceridad.

Parada 3: TIERRA PROMETIDA 

Ahora el giro inesperado.

Escriben:

  • 1 versión mejor de tí mismo, realista, no influencer.

  • 1 gesto pequeño que podrías hacer esta semana para acercarse a ella.

Formato:
--> Sería más libre si…
--> Esta semana puedo empezar por…

Pequeño es obligatorio. Nada de cambiar mi vida entera.

PASO 3. El MANÁ FINAL 

Abajo del todo, dibuja una cajita y escriben dentro:

MI MANÁ DE HOY

Solo una frase corta. Ejemplos:

  • No contestar en caliente.

  • 10 minutos sin pantalla.

  • Hacer lo que toca aunque no apetezca.

  • Pedir perdón sin ‘pero’.

Regla sagrada:
-->Tiene que ser algo aburrido pero útil.
Si suena épico, no es maná.